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¿Envidia?

No podía evitar mirar con desprecio a la ingenua que se encontraba delante de mí. Alta y guapa como era se creía mejor que todos los que estábamos detrás. Su andar y paso decidido lo decían todo. Seguramente sería una de esas secretarias de altos cargos, despreciadas por todos y humilladas acaso por unos pocos, que se hacían llamar jefes. Pero claro, esto a ella no le importaba. Tenía lo que más ansiase: un novio perfecto dispuesto a darle todo lo que se le antojase, no tendría problemas financieros: su ropa lo decía todo de ella. Llevaba una corta falda, insinuante, de color rojo. A juego tenía puesta una chaqueta blanca, por debajo de la cuál asomaba una camisa del mismo tono de la falda de seda. Era un modelito bien caro, y no encajaba en el lugar donde nos encontrábamos toda esta gente y yo. Empieza a sonar la melodía de un móvil y veo que lo coge con ligereza, de último modelo, no podía ser de otra forma. Quizás sea su amante, o su jefe, reprochándole el tiempo perdido ...

Suspiros de deseo...

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... Te sonrío desde el marco de la puerta, levantando una deja ante la seductora imagen que se encuentra frente a mi. Me deleito contemplándote mientras soy consciente de mi desnudez y sé que es solo cuestión de segundos que vengas hacia mi y me tomes en tus brazos. Contemplo tu rostro, tus facciones lentamente: ojos marrones, color chocolate, oscurecidos de puro deseo. Nariz perfecta y bien definida, recta y bella. Una boca sensual y carnosa, con labios capaces de hacer gemir de placer a cualquier mujer... Bajo la mirada para centrarme en tu musculado vientre, tu abdomen. Recorro esa delgada linea de vello guiándome hasta él. No puedo soportarlo más, esa perfección que parece está esculpida en mármol hace que pierda la compostura. Noto mi calor, el deseo inunda mis sentidos. Y sé que él es consciente. Se dirige hacia mi con paso decidido y me abraza, pegándome a la pared. Sus besos me abrasan, allí donde toca mi piel deja un reguero llameante de deseo. Sus manos ansiosas me...

...5.feb.o9

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Os acordaréis de que la última actualización era de los dolores de amor... Increible, pero el mio no encaja en ninguno de ellos. También os fijaréis que la fecha de la entrada no se corresponde con el titulo. Es así porque ayer decidimos dejarlo Coco y yo. Piensas que estás preparada para cuando vaya a llegar y te das de bruces contra ello. Irónico... No es que el amor simplemente se haya terminado, no todavia hay por ambas partes, lo que lo hace dificil. Simplemente estaba sufriendo mucho, y él lo veia y no quería eso para mí... La actuación por mi parte fue algo penosa, pero claro... Lo ves desde un punto de vista ajeno, con la frialdad suficiente... y prefieres esto a terminar más tarde y peor. Ahora toca rehacer la antigua amistad, echarle valor al toro y continuar con la vida. He sobrevivido a cosas peores, creerlo. No puedo decir que me arrepienta, han sido 6 meses maravillosos, he conocido cosas que ni sabia que existian... Y nadie le quita el puesto de primer...

Dolor de amor...

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Dicen que en el amor todo vale, que cada uno de nosotros tiene, en el lugar menos pensado, a una persona esperándole. Si claro, pero... ¿Cuantas veces tienes que tropezar hasta dar con ella? Y es que, cuando te enamoras te das por entero, es tu momento de máxima debilidad. Quedas a merced de esa persona con el pecho abierto y el corazón al descubierto... Si ese corazón no se arropa, coge frio y, poquito a poco crea una capa de escarcha impenetrable e indestructible. A veces se envenena, un pequeño virus anida y, despacio (como actúan los venenos más mortales) va expandiéndose hasta que el corazón queda inutilizado y se rompe, se corroe. Pero claro, esto se puede remediar a tiempo: hay que evitar esos pequeños virus que vienen en forma de celos. Y por último, y no menos importante queda el ataque directo: la puñalada. El más rápido y mortal de todos, el más doloroso. El mundo se cae y te destroza. Tanto es así que muchos no vuelven a abrir el corazón tras haber cicatrizado; no...

A través del cristal

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Sentía como tus suaves y marcadas manos acariciaban el translúcido cristal que nos separaba en aquella sala. Las paredes blancas que nos rodeaban reflejaban la luz que provenía desde el viejo y polvoriento fluorescente que colgaba del techo liso y pulido. No había salida, mas no me afectaba ningun tipo de nerviosismo el estar alli encerrada, es más, estaba cómoda y tranquila. Pero él no, podía notar su ansiedad al otro lado de la mampara que nos separaba y podía ver su silueta difusa por los relives. Me levanté de la esquina donde me acababa de despertar y me acerqué hasta el cristal. Sentándome justo delante de su silueta. Alargué la mano hasta tocar el vidrio, frío y duro, algo rugoso. La figura al otro lado se percató de mi movimiento y me imitó, quedando ambos sentados a sendos lados de aquel filo helado. - ¿Ela? -susurró angustiado- Dime, ¿estás ahi? Sonreí hacia mis adentros, una cálida oleada de cariño invadió mi cuerpo. Extendió su mano hasta dejarla apoyada sobre la...