Entradas

Sombras Grises

El corazón me golpeaba fuertemente contra el pecho, gotas de sudor resbalaban por mi frente.Me senté abatido contra la gruesa e impenetrable puerta de roble. Les había conseguido dar esquinazo y meterme en la Iglesia del pueblo. Era imponente el vacío y la tenue luz que entraba por los ventanales gracias a la luna, que brillaba llena aquella noche. Las leyendas se habían hecho realidad. Siempre se había hablado de las sombras grises; damas vestidas de negro realmente bellas, pero tan mortales como el peor de los psicópatas. Se contaba que cada cien años en una noche de luna llena volvían aquí a llevarse las almas para su propia satisfacción: eran sedientas cazadoras de alma y sangre. La gente no solía creer a los más ancianos cuando lo contaban, achacando esta historia a su delirio mental y su vejez. Y ahora me enfrentaba solo a sobrevivir una pesadilla hecha realidad. Caminé entre los bancos de roble, rodeado de oscuras figuras de Vírgenes y Santos, se oía el golpeteo de mis d...

The Endless

Sólo se escuchaba el monótono timbre de la profesora dictando los apuntes y el raspar de lápices y bolígrafos sobre el papel, quizás interrumpido en algún momento por el leve susurro de un comentario entre compañeros. El zumbido de los fluorescentes tampoco me ayudaba a concentrarme en la tarea que tenía por delante. Un suave aleteo hizo que mi mirada, que hasta aquel momento vagaba perdida por la pizarra, volase hacia la ventana, encontrándome frente a frente con los ojos dorados de una chica de mi edad. Llevaba maquillados los ojos y los labios de negro, a juego con su vestimenta. Era muy guapa, tanto que su belleza podría hacer llorar de envidia a cualquier modelo y el suave pelo azabache despeinado lanzaba suaves destellos plateados con el reflejo del sol. Miré a mi alrededor esperando ver apuntes a medias y caras de desconcierto y asombro que miraran embelesados a aquella extravagante chica, pero mi estupor se vio acrecentado cuando comprobé que todos los que me rodeaban seg...

Vidas ajenas

Imagen
¿Alguna vez te has parado a mirar que ocurre a tu alrededor? Suele ser una experiencia innovadora y en muchas ocasiones, realmente sorprendente… Era un día de esos en los que lo único que quieres hacer es llegar a casa, sentarte a ver algo en la tele o quizás pegar el culo a la silla del ordenador a mirar el tuenti. Un día de esos en los que te da lo mismo sentarte en el suelo del vagón que en un asiento que oportunamente se ha quedado libre, y eliges el suelo porque es más cómodo, ignorando por completo las miradas de reproche de algunos viandantes. Encerré la cara entre las manos y me eché el flequillo hacia atrás para despejarme la frente, tenía que hacer algo con él; “cortármelo o dejarlo crecer, o simplemente colocarme una horquilla”, pensé. Elevé la mirada para ver que estación era la siguiente y cuantas quedaban antes de llegar a mi destino cuando me encontré con una mirada roja, si, como lo leéis, unas pupilas de un rojo intenso a conjunto con el pelo del mismo tono roj...

¿Envidia?

No podía evitar mirar con desprecio a la ingenua que se encontraba delante de mí. Alta y guapa como era se creía mejor que todos los que estábamos detrás. Su andar y paso decidido lo decían todo. Seguramente sería una de esas secretarias de altos cargos, despreciadas por todos y humilladas acaso por unos pocos, que se hacían llamar jefes. Pero claro, esto a ella no le importaba. Tenía lo que más ansiase: un novio perfecto dispuesto a darle todo lo que se le antojase, no tendría problemas financieros: su ropa lo decía todo de ella. Llevaba una corta falda, insinuante, de color rojo. A juego tenía puesta una chaqueta blanca, por debajo de la cuál asomaba una camisa del mismo tono de la falda de seda. Era un modelito bien caro, y no encajaba en el lugar donde nos encontrábamos toda esta gente y yo. Empieza a sonar la melodía de un móvil y veo que lo coge con ligereza, de último modelo, no podía ser de otra forma. Quizás sea su amante, o su jefe, reprochándole el tiempo perdido ...

Suspiros de deseo...

Imagen
... Te sonrío desde el marco de la puerta, levantando una deja ante la seductora imagen que se encuentra frente a mi. Me deleito contemplándote mientras soy consciente de mi desnudez y sé que es solo cuestión de segundos que vengas hacia mi y me tomes en tus brazos. Contemplo tu rostro, tus facciones lentamente: ojos marrones, color chocolate, oscurecidos de puro deseo. Nariz perfecta y bien definida, recta y bella. Una boca sensual y carnosa, con labios capaces de hacer gemir de placer a cualquier mujer... Bajo la mirada para centrarme en tu musculado vientre, tu abdomen. Recorro esa delgada linea de vello guiándome hasta él. No puedo soportarlo más, esa perfección que parece está esculpida en mármol hace que pierda la compostura. Noto mi calor, el deseo inunda mis sentidos. Y sé que él es consciente. Se dirige hacia mi con paso decidido y me abraza, pegándome a la pared. Sus besos me abrasan, allí donde toca mi piel deja un reguero llameante de deseo. Sus manos ansiosas me...